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Efectivo en sus chips: ¿serán los microchips el futuro del efectivo?

Categorías : Cash does not require a technology infrastructure
September 30, 2019
Publicado en : Digital, Payment instruments
4 000 suecos decide implantarse microchips como opción para efectuar sus transacciones de pago. Pero, ¿qué implica esto?

Hace quince años, el Baja Beach Club de Barcelona lanzó una solución innovadora consistente en un microchip subcutáneo como instrumento de pago. El chip se ofrecía a los socios VIP del club y estaba asociado a una cuenta de prepago con la que los clientes podían abonar sus consumiciones. En esa época, el club acaparó un enorme interés de los medios de comunicación internacionales y de la comunidad de pagos. Los participantes de un famoso reality show de la televisión española aceptaron que se les implantara un chip, lo que generó un gran revuelo mediático entorno a la idea.

Algunos otros bares y clubes se sumaron a la iniciativa, aunque huelga decir que los chips subcutáneos no se han convertido en un método de pago generalizado. Sin embargo, últimamente algunas personas se están adhiriendo a esta idea en Suecia.

4 000 suecos han aceptado que se les implante un chip

El New York Post informa de que más de 4 000 suecos se han implantado microchips subcutáneos, lo que les permite pagar sus gastos cotidianos. Basta con pasar la mano para viajar en tren, pagar en el restaurante, entrar en las oficinas sin la llave o en los gimnasios. Toda la red ferroviaria nacional sueca permite el acceso con biochips, y también los 172 gimnasios gestionados por Nordic Wellness permiten que tanto los socios como el personal puedan abrir las taquillas y ver sus perfiles de ejercicios en los monitores utilizando sus manos.

Mano interactiva futurista

(Fuente: iStock)

El tatuador

 

Jowan Österlund fue pionero en la implantación de microchips y asegura que, menos de la Antártida, se han puesto en contacto con él inversores interesados de todos los continentes. “La tecnología se trasladará al cuerpo, estoy seguro”, afirma Österlund.

Aunque algunas personas aplauden la comodidad de los microchips, su uso tiene consecuencias a corto y largo plazo. En primer lugar, se puede afirmar que la implantación de microchips nos adentra en un territorio desconocido; todavía ignoramos los efectos en el organismo a largo plazo o qué repercusiones sociales tendrán. En segundo lugar, permitir a las empresas e instituciones escanear el chip de una persona para su identificación ha planteado dudas de privacidad, especialmente en cuanto al acceso al control. Por último, pero no por ello menos importante, las filtraciones de datos siempre son un aspecto preocupante y un posible objetivo de los hackers.

Cabe señalar que los chips de identificación por radiofrecuencia (RFID) son más fáciles de insertar que de retirar. En 2004, a la periodista de la CNN Robyn Curnow se le implantó un chip RFID subcutáneo en el Baja Beach Club de Barcelona que posteriormente le fue retirado. Para la extracción fueron necesarias dos consultas médicas, una radiografía y una cirugía. Ahora tiene una cicatriz de 8 milímetros como recuerdo de esa singular experiencia de pago. ¿Tantas molestias para los pagos invisibles?

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