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Reflexiones humanitarias sobre el efectivo

Categorías : Cash is a contingency and fall-back solution
March 29, 2019
Publicado en : accesibilidad, Contingency, Humanitarian
James-Shepherd Barron analiza el uso de las palabras "efectivo" y "dinero" en el mundo de la asistencia y exhorta a mejorar la utilización de la nomenclatura de pagos para evitar confusión

Dos elefantes están metiendo la pata por el zoológico del efectivo. Ambos amenazan con salir de su encierro, y como quedó muy claro en la Semana del Efectivo de CaLP (Asociación para el Aprendizaje sobre el Efectivo) en octubre del año pasado y nuevamente en las reuniones de la Red de Asociaciones Humanitarias en febrero de este año, vienen desde hace algún tiempo haciendo cada vez más ruido.

El primer elefante se llama ‘Efectivo’ y, como es de esperar, implica cómo el mundo de la asistencia define el término ‘efectivo'. Al segundo se lo denomina ‘Reforma’ e involucra la aparente incapacidad del sector de asistencia de aprovechar la oportunidad que le ofrecen los ‘servicios financieros’ en general y más específicamente la ‘programación de transferencias de efectivo’ para ayudar a los modelos de negocio de agencias.

Podría aducirse que también hay algunos otros animales paseando por sus jaulas, aún entre rejas pero con deseos de libertad: Los grandes felinos llamados ‘Sector privado’ y ‘Sociedad sin dinero en efectivo’ serían tan solo dos, mientras que el hipopótamo llamado ‘Móvil’ y el rinoceronte llamado ‘Digital’ miran con ansiedad el foso.

Así pues, con el objetivo de impedir que el encargado del zoológico sea aplastado, ¿qué debemos hacer para que estas bestias de la jungla estén satisfechas?

La época de debate sobre nomenclatura y definiciones ha terminado: La utilización del término ‘efectivo’ por parte del sector de asistencia finalmente ha generado más confusión que claridad.

El término efectivo se refiere a dinero físico, billetes y monedas. Es así de simple. Por otra parte, el término dinero se refiere a todas las formas de moneda, desde conchas de cauri hasta cupones y tarjetas contactless y billeteras móviles. El término efectivo es, por definición, polivalente, si bien su distribución pueda verse restringida y/o condicionada. Todas las demás formas de dinero están, en algún sentido, limitadas en términos de acceso o tienen condiciones aplicables a su uso.

Pese a ponderar esta aparente declaración de lo evidente, debemos comprender que los grupos de interés en la esfera humanitaria — organismos de las Naciones Unidas, ONG y donantes por igual — temen el ecosistema de servicios financieros, en especial ante la posibilidad de que el sector privado cambie rotundamente los cómodos modelos de negocio tradicionales por un mundo económico neoliberal donde unos pocos parecen beneficiarse de la miseria de la mayoría.

Todos coinciden en que nuestra primera responsabilidad es ofrecer una asistencia más efectiva y promover mejores resultados en las formas que prefieren las personas afectadas por crisis, sin poner en riesgo los principios humanitarios básicos, pero el sector de asistencia aún no tiene en claro cuáles son los motivos poco escrupulosos de algunos actores del sector privado.

Mientras tanto, es preciso que la competencia entre actores humanitarios deje de ser destructiva y pase a ser constructiva. Por el momento, el sistema humanitario sigue teniendo exceso de oferta e invierte excesivamente en perpetuar su supervivencia.

Para modificar esto, necesitamos salir masivamente de la cooperación incómoda entre organismos que compiten entre sí y encaminarnos hacia una colaboración activa en el establecimiento de una forma completamente nueva de trabajar. Para esto será necesario contar con nuevas estructuras orgánicas, redefinir las especializaciones existentes, y revisar por completo los incentivos. Para que las personas reciban la mejor asistencia que merecen, esto no tiene necesariamente que significar que los organismos de asistencia existentes entreguen más efectivo; significa nuevas formas en que estos organismos puedan gestionar más formas de dinero. En última instancia — y esto está implícitamente reconocido en los compromisos del Grand Bargain — se necesitará que los donantes se unan para formar alguna nueva forma de banco humanitario con base en cadenas de suministro esencialmente del sector privado…probablemente del tipo de la plataforma de efectivo actualmente en desarrollo en Jordania.

Será necesario ceder poder, fondos e influencia a los actores locales, tanto del sector público como del privado,así como también a las comunidades propiamente dichas. Esto requerirá un verdadero sacrificio de la mayoría de las organizaciones internacionales, muchas de las cuales tendrán que abandonar por completo. No se cree que existan actualmente incentivos para actuar ante tales elecciones extremas, si bien un mayor énfasis en los resultados y menos en las formas de trabajo, nos permitiría — en la mayoría de los contextos — obtener mejores rendimientos

Por su parte, los proveedores de servicios financieros del sector privado tendrán que pasar rápidamente de agente subcontratado a principal. La pregunta que se plantea es en qué medida esto se llevará a cabo en sociedad con organismos no gubernamentales o agencias de las Naciones Unidas. Todos los grupos de interés coinciden, en mayor o menor medida, en que los actores humanitarios tienen una función crítica que no solo consiste en garantizar que la asistencia esté fundamentada, responda a una necesidad, y no genere perjuicios, sino que, además, sea eficaz en la ‘última milla’ y obligue a los actores a rendir cuentas en el proceso. En pocas palabras, habida cuenta de que no se necesitan 20 ONG para cargar una tarjeta de cajero automático o crear una billetera móvil integrada, tenemos que lidiar con la consecuencia de que una proporción importante del personal operativo de las ONGs y de las Naciones Unidas en el campo tendrán que reconfigurar su función o serán redundantes.

En general, también se coincide en que la digitalización genera importantes oportunidades pero también tiende a exacerbar la desigualdad y a centralizar el poder. En efecto, privatiza lo que por siglos ha sido un bien común. Esto significa que conlleva riesgos significativos. Estos deben atenuarse, en especial cuando se trata de experimentar con los datos personales de personas vulnerables.

Cualquiera que sea el futuro del dinero, y por más rápido que las sociedades de bajos ingresos sean capaces de aplicar tecnología leapfrog, las organizaciones humanitarias siempre serán necesarias. Simplemente no se necesitará que hagan lo mismo, o que lo hagan del mismo modo que lo hacen ahora. Al mismo tiempo, se requiere la participación del sector privado y en su totalidad, no solo aquellos segmentos con intereses creados en las soluciones con base en tarjetas, aplicaciones móviles y digitales. El tiempo de hablar se ha terminado. Ahora es momento de que los donantes salgan de la cerca, se junten y sean catalizadores del tipo de transformación que tanto necesitan y merecen los desposeídos.

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