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Los programas de inclusión financiera no están cambiando el mundo

Categorías : Cash is the first step of financial inclusion
January 22, 2020
Publicado en : Cash, Financial inclusion, Unbanked
Los programas de inclusión financiera tienen un papel cada vez más importante en el desarrollo internacional, pero dos investigadores señalan que los efectos en la pobreza económica son reducidos y desiguales.

Los programas de inclusión financiera juegan un papel cada vez más importante en el desarrollo internacional, y su finalidad es mejorar el bienestar de los hogares con bajos ingresos en los países con ingresos bajos y medios. Según el Fondo de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la Capitalización (FNUDC), “La inclusión financiera ocupa un lugar destacado como elemento que posibilita el cumplimiento de otros Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) marcados en la Agenda de 2030, y está presente como meta en ocho de los diecisiete objetivos”.

La inclusión financiera figura en ocho de los diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible

 

Para muchas organizaciones internacionales, la inclusión financiera se reduce a brindar acceso a las finanzas digitales. El FNUDC cita un informe sobre finanzas digitales de McKinsey Global Institute, que sostiene que solo con las finanzas digitales podrían beneficiarse miles de millones de personas al propiciar un crecimiento inclusivo que aportaría 3 700 billones de USD al PIB de las economías emergentes en un período de diez años. Según señala Leora Klapper, Economista Principal del Grupo de Investigación del Desarrollo del Banco Mundial: “no podemos cumplir los ODS sin la inclusión financiera”. La base de datos Global Findex, financiada por la Fundación Bill y Melinda Gates, tiene como finalidad específica medir los progresos en el objetivo de acceso universal a las finanzas en 2020 que ha marcado el Banco Mundial.

Queda un largo camino hasta alcanzar el acceso universal a las finanzas

Según los últimos datos disponibles de Findex (2017), alrededor del 31 % de la población mundial – 1 700 millones de adultos – seguía sin tener acceso a los servicios bancarios en 2017, al no disponer de cuenta en una entidad financiera o a través de un proveedor de dinero electrónico. Se han logrado grandes avances en este terreno, ya que la proporción de adultos titulares de una cuenta ha aumentado del 51 % en 2011 al 69 % en 2017, aunque un tercio de la población sigue estando excluida de los servicios bancarios. Además, ser titular de una cuenta no equivale a utilizarla. Solo el 52 % de los adultos – o el 76 % de los titulares de cuentas – de todo el mundo afirmó haber realizado o recibido al menos un pago digital en el último año. En las economías con ingresos elevados, el 80 % de los adultos indicó haber utilizado una tarjeta de débito o crédito para realizar al menos un pago en los últimos 12 meses, mientras que este porcentaje se reducía a tan solo el 22 % en las economías en desarrollo.

Servicios financieros: convenientes, pero no esenciales

No obstante, dos investigadores han realizado una evaluación exhaustiva de los programas de inclusión financiera y han llegado a la conclusión de que su impacto es reducido y variable. El estudio, titulado Impact of financial inclusion in low- and middle-income countries: a systematic review of reviews (Impacto de la inclusión financiera en los países de bajos y medianos ingresos: una revisión sistemática de las revisiones), ha sido elaborado por dos investigaciones especializados en desarrollo internacional: Maren Duvendack y Philip Mader. La metodología consiste en una “revisión de estudios que sintetizan las conclusiones de otros trabajos (metaestudios) sobre el impacto de una serie de intervenciones en materia de inclusión financiera en los resultados económicos, sociales, de género y de comportamiento”.

Los autores llegan a la siguiente conclusión:

Según señala Philip Mader: “Creemos que si se pidiera a los hogares pobres que colocaran los servicios financieros en una pirámide de necesidades de tipo Maslow, los situarían cerca de la parte superior; es decir, son servicios convenientes, pero no tan esenciales como la escolarización, la salud, la seguridad, el agua, la nutrición, el saneamiento, etc.”.

 

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