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El cajero automático es fundamental para promover la inclusión financiera

Categorías : Cash covers a broad range of transactions, Cash is a public good, Cash is the first step of financial inclusion
August 27, 2019
Publicado en : ATM, ATMs, Financial inclusion
El impacto que las tecnologías digitales y móviles han tenido en la industria de los servicios financieros es innegable, pero la innovación en el canal de cajeros automáticos de autoservicio y las características singulares del efectivo serán igualmente importantes en la búsqueda de mayor inclusión financiera.

Lejos de ser una máquina de escribir en un mundo de pantallas táctiles, el cajero automático tiene un papel fundamental en la revolución por la inclusión financiera. Los cajeros automáticos interactivos, multicanal, que aceptan depósitos promueven la cultura financiera y, al mismo tiempo, permiten la recirculación del efectivo de manera confiable, rápida, segura y ecomómica en los mercados locales. Esto permite que comercios, agentes y personas sin servicios bancarios accedan a servicios financieros formales, reduciendo de ese modo la pobreza mundial.

Promover un entorno en el que la elección de la forma de pago se ve limitada, como lo hacen muchas organizaciones humanitarias, no solo es discriminatorio en muchos sentidos, sino contraproducente en la medida en que fomenta la exclusión financiera. Las organizaciones humanitarias, los banco centrales y las instituciones financieras comerciales deben aunar esfuerzos para defender la diversidad y la posibilidad de elegir cuando los cajeros automáticos coexisten con otras formas de pago digital.

 

Hombre sin techo cubierto con mantas, que duerme bajo unos cajeros automáticos con un cochecito y sus pertenencias

En la cumbre del G-20 en julio de 2019, los líderes del mundo se comprometieron a dar forma a la revolución de la tecnología financiera que se extiende por África, eliminando la amenaza de que los más pobres del mundo queden excluidos de los servicios financieros digitales. Reconocieron que quienes corren el riesgo de no tener acceso a los servicios financieros formales en una era de rápido cambio (refugiados, personas desplazadas en su país, los pobres, quienes viven en zonas apartadas y los países de bajos ingresos) no deben quedar excluidos. Pero demasiadas personas lo están. Según el Centro para la Inclusión Financiera, solo el 24 % de las personas en países de bajos ingresos tienen acceso a servicios financieros formales a través de una cuenta bancaria, mientras que la proporción es del 89 % en los países de altos ingresos. Y la brecha no se está cerrando con la rapidez suficiente.

Sin perder esto de vista, los ministros de finanzas del G-7 anunciaron el 18 de julio de 2019 que se ocuparían de resolver esta forma de desigualdad “con medidas de apoyo a la revolución por la inclusión financiera digital y móvil.” Pero la visión que plantea este objetivo, por demás noble, parece no dejar lugar para el efectivo o el cajero automático.

En su forma de próxima generación, el cajero automático tendrá un papel cada vez más importante en el continuo esfuerzo mundial por aliviar la pobreza al acelerar el proceso de inclusión financiera. Los cajeros automáticos robustos, interactivos, táctiles, recicladores multicanal pueden promover la cultura financiera y, al mismo tiempo, permitir la recirculación del efectivo de manera fiable, rápida, segura y económica en los mercados locales, facilitando que comercios, agentes y personas sin servicios bancarios o con pocos servicios financieros puedan acceder a estos.

Según NCR, una empresa global de tecnología de pagos, ‘La campaña por la inclusión financiera también dependerá de una combinación diversa de tecnologías y canales para la prestación de servicios". No cabe duda de que la tecnología tendrá un papel importante en el camino hacia la inclusión financiera y el acceso universal a los servicios financieros. Sin embargo, sería un error suponer que las tecnologías digitales y móviles definirán el futuro de los servicios bancarios a expensas de canales físicos más tradicionales.’

En otras palabras, sería un error dar de baja a los cajeros automáticos como reliquia de una era terminada, como sucedió con la máquina de escribir en la era de las pantallas táctiles. Como demuestra la decisión de Suecia de regresar al efectivo, las medidas especulativas que buscan reemplazar el efectivo con alternativas digitales siempre serán marginales. Esto se debe a que, pese a la euforia del sector privado y a las presiones intensas de grupos como la Fundación de Bill Gates y la alianza Better Than Cash, encabezada por las Naciones Unidas, dos tercios de la población del planeta dependen, y probablemente continúen dependiendo en gran medida de la moneda física. Esto obedece esencialmente a que el valor y la autenticidad del efectivo es el resultado de siglos de utilización y de un reconocimiento arraigado de la importancia que los billetes siempre han tenido en la vida cotidiana. Es una tecnología probada que funciona; y funciona con independencia de la interferencia comercial o gubernamental. La gente confía en el efectivo.

Pero esto se debe, en parte, a que los consumidores son cada vez más escépticos de las tan elogiadas ventajas de la tecnología financiera, gran parte de la cual parece estar tratando de maximizar el beneficio del proveedor en lugar de aumentar la utilidad o facilitar el acceso para el usuario. También se sospecha de las innovaciones cuyas ventajas tardan demasiado en visualizarse (en ocasiones conocidas como ‘la pausa de Engels’), mientras crece el temor a los fraudes cibernéticos. Y, tras haber desarrollado cierta visión pragmática, los consumidores son conscientes de que los canales digitales pueden ser frágiles. Fallan. Así como los suecos están redescubriendo con retraso, y como una nueva investigación de la Universidad de Granada en España pronto pondrá de manifiesto, el efectivo siempre ha sido más confiable, universal, rápido y barato que las alternativas digitales.

Visto desde este punto de vista, el dinero digital parece ser una solución tecnológica que busca un problema, al menos para la mayoría de la población del planeta, que subsiste con menos de 2 USD por día.

Posiblemente esto explique la ‘verdad inconveniente’ de que, pese a los esfuerzos de desmonetización de países como la India, México y Nigeria, el uso del efectivo en el mundo no está disminuyendo, sino aumentando. Según un informe reciente del Banco de Pagos Internacionales (BPI), el efectivo en circulación como porcentaje del PIB está aumentando a una tasa que supera ampliamente la inflación, a pesar de que la proporción de pagos que se realizan en efectivo está disminuyendo en las economías más desarrolladas debido al espectro ampliado de opciones de pago disponibles.

Nada de esto niega la importancia de los pagos digitales –después de todo, el cajero automático forma parte del espectro de pagos digitales– pero no debe pasarse por alto la tangibilidad y el uso universal que distingue al efectivo, en especial en partes del mundo donde la infraestructura de pagos físicos es débil.

Más importante aún sea quizás el hecho de que promover un entorno en el que la elección de la forma de pago se ve limitada y los consumidores se ven segregados por su capacidad de maniobrar las opciones digitales es discriminatorio en muchos sentidos, en especial cuando la cultura financiera es baja, la infraestructura es pobre y el suministro eléctrico insuficiente.

Por todas estas limitaciones, el efectivo es una tecnología accesible, fiable y barata, cuya eficiencia y utilidad han sido demostradas reiteradamente en tiempos de crisis. Si se elimina la opción de retirar efectivo, todos se verán perjudicados salvo el proveedor de pagos electrónicos. De hecho, esto significa que quienes defienden la inclusión financiera, deliberadamente o no, están apoyando la exclusión de los sectores más pobres de la sociedad al impedirles usar su medio de pago preferido y, a menudo, el único: el efectivo.

En general, también se acepta que la digitalización, pese a ofrecer oportunidades significativas, tiende a exacerbar la desigualdad y centralizar el poder. En efecto, privatiza lo que por siglos ha sido un bien común. Esto significa que conlleva riesgos significativos. Es preciso atenuar estos riesgos, en especial cuando se trata de experimentar con la información personal de personas vulnerables.

El cajero automático se transformará en un punto de contacto cada vez más importante en la revolución de la inclusión financiera. En febrero de 2017, Retail Banking Research publicó un informe que hace hincapié en la inclusión financiera como factor clave en la creciente tendencia a retirar efectivo de cajeros automáticos. La cantidad total de retiradas de efectivo creció un 10 % en 2015, y el crecimiento se registró en todas las regiones, particularmente en Asia Pacífico, Oriente Medio y África, y en especial, entre las mujeres. Esto ilustra algunas de las características más eficaces de los cajeros automáticos como herramienta que potencia la inclusión financiera:

 

En lo que atañe a los servicios, los cajeros automáticos de próxima generación pueden realizar muchas más operaciones que antes y de manera confiable, usando un abanico de interfaces táctiles o activadas por voz que los analfabetos funcionales puedan entender: Pueden distribuir y aceptar depósitos de dinero físico y cheques, una innovación valiosa para las organizaciones humanitarias, agentes de efectivo y comercios en cuanto a la conciliación de cuentas, la gestión de la liquidez y la seguridad; pueden procesar transferencias de dinero, incluidas las remesas internacionales, y mejorar la cultura financiera al proporcionar conexión por vídeo en tiempo real y en pantalla a cajeros remotos.

Sin lugar a dudas, mejorar la inclusión financiera es un gran desafío. En parte, esto se debe a las culturas locales y a las actitudes del consumidor, pero mucho tiene que ver con las dificultades prácticas y logísticas de la prestación de servicios bancarios en países de bajos ingresos donde, según el Centro para la Inclusión Financiera, solo el 11 % de las personas ahorran dinero en un banco.

EL Banco Mundial y otros miembros de la Alianza Better Than Cash, encabezada por las Naciones Unidas, han fijado un objetivo ambicioso de lograr el acceso financiero universal para 2020. Este objetivo loable, aunque bastante optimista, implicaría que todos los ciudadanos del mundo tuvieran acceso a una cuenta de transacciones o a medios electrónicos para realizar pagos y gestionar dinero. Para conseguir este objetivo, se necesitará una amplia colaboración entre los sectores público y privado; entre los organismos de reglamentación, los gobiernos, las instituciones financieras, los consumidores, y una gran cantidad de grupos de interés no alineados, tales como organismos de asociaciones de la industria y las Naciones Unidas.

El impacto que las tecnologías digitales y móviles han tenido en la industria de los servicios financieros es innegable, pero la innovación en el canal de cajeros automáticos de autoservicio y las características singulares del efectivo serán igualmente importantes en la búsqueda de mayor inclusión financiera. Juntas, las industrias de apoyo y de pagos deben procurar caracterizarse por la diversidad y la posibilidad de elección, donde los cajeros automáticos coexistan con otras formas de soluciones de pago digital.

 

 

 

© James Shepherd-Barron, agosto de 2019

James Shepherd-Barron es un consultor independiente de gestión de catástrofes y asesor de asuntos humanitarios para Cash Essentials, un grupo de investigación del sector privado.

 

Para más información, contacte con: james@shepherd-barron.com

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