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Es el momento de proteger el efectivo

Categorías : Cash is a contingency and fall-back solution, Cash is a public good
May 20, 2020
Publicado en : Coronavirus, Efectivo y Crisis, Financial inclusion, Social Inclusion
El efectivo – dinero físico – es un bien público esencial, cuya utilidad social en épocas de crisis merece un mayor reconocimiento. Es el momento de que las agencias de ayuda humanitaria lo protejan. No se debería poner en riesgo la salud de las poblaciones vulnerables en todo el mundo – a cuya protección están consagradas las agencias internacionales de ayuda humanitaria – con la recomendación de utilizar únicamente formas o sistemas de pago sin efectivo no resistentes a las catástrofes. De hecho, hacerlo va en contra de los principios humanitarios de "no dañar".
James Shepherd-Barron

Disaster Management Consultant, Disaster Epidemiologist, Author, and Founder of The Aid Workers Union

La pandemia por la COVID-19 (C-19) ha suscitado argumentos ya conocidos sobre las ventajas relativas de los pagos digitales [1] frente a las transferencias de efectivo en épocas de crisis humanitarias. El Banco de Pagos Internacionales ha alertado recientemente del riesgo de discriminación y fragmentación social en un informe sobre la C-19 y el futuro de los pagos, en el que la institución se refiere a una ampliación de la "brecha" entre las personas que tienen acceso a los pagos digitales y las que no lo tienen. Por otro lado, la política que sigue la mayoría de las organizaciones humanitarias consiste en utilizar dinero móvil, tarjetas de débito de prepago o cupones electrónicos de manera predeterminada. Sin embargo, las justificaciones para dichas políticas se fundamentan en una serie de ideas erróneas básicas sobre la función del efectivo para la sociedad, especialmente en épocas de crisis.

La primera creencia es que el efectivo no es parte integrante del mix de pagos digitales. No obstante, sí lo es. La declaración de la Red SEEP sobre la C-19 del 16 de abril insta a los miembros del Markets-in-Crisis D-Group que apoyen sistemas de mercado críticos incorporando cambios en los mecanismos de pagos digitales para los comerciantes. Sin embargo, esta propuesta es, sencillamente, poco realista, al menos a corto plazo, ya que la infraestructura de liquidación en la mayoría de los países en desarrollo no es lo suficientemente sólida como para que resulte viable. Prácticamente todas las transferencias denominadas "digitales" deben cobrarse en efectivo en algún momento del ciclo de pagos, ya que los comerciantes no tienen acceso al punto de compra electrónico, a las aplicaciones para realizar transferencias móviles o a las plataformas bancarias que son necesarios para procesarlas. Un aspecto oportunamente olvidado en las "lecciones aprendidas" de las distintas crisis de ébola en África Occidental y la RDC entre 2014 y 2020 es que más del 90 % de los pagos digitales se convertían total o parcialmente en efectivo. Lo mismo ocurre con la plataforma de pagos móviles M-Pesa en Kenia. Las transferencias digitales son solo una parte de la cadena de valor. El proceso de "cobro en efectivo" no es automático: exige la colaboración entre el sector privado y la administración pública para garantizar el suministro de dinero. Si se hace mal, podrían surgir problemas de liquidez e inflación. A excepción del Banco Mundial, el sector de la ayuda humanitaria está casi totalmente ausente cuando se planifica este aspecto del ciclo del efectivo [2].

En segundo lugar existe la idea errónea de que el efectivo contribuye de alguna forma a la transmisión de enfermedades. De hecho, cada vez se recomiendan más las formas de pago electrónico, por lo que se llega a la conclusión de que el efectivo es algo sucio y poco higiénico. En una nota orientativa de fecha 7 de abril de 2020, el Global Health Cluster [3] recomendaba que “En la medida de lo posible, la opción preferente debía ser el pago electrónico sin contacto o móvil”. En 2014, la consultora especializada en dinero en efectivo Currency Research (Grupo de Salud Mundial)[4] investigó si ese tipo de recomendación era válida. Tanto entonces como ahora, el metaanálisis de la investigación revisada por pares demostraba que el efectivo no era más peligroso que otras formas de pago utilizadas habitualmente, incluidas las tarjetas de débito y los teléfonos móviles. Aunque algunos bancos centrales desinfectaron, incineraron o pusieron en cuarentena billetes como medida de seguridad durante la actual crisis de la C-19, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos, el Instituto Koch de Alemania y multitud de artículos académicos coinciden en que “aunque los patógenos pueden permanecer en los billetes durante algunos días, la probabilidad de transmisión de la enfermedad a través del efectivo no es significativa”.[5] Las pruebas demuestran claramente que realizar transacciones en efectivo no plantea un riesgo mayor que el uso de tarjetas de crédito o de teléfonos móviles [6], especialmente si se complementa con la higiene de manos.

En tercer lugar, las personas que no tienen otra opción que utilizar el efectivo se enfrentan a la exclusión financiera si se reduce el acceso a este medio de pago. Según la base de datos Findex del Banco Mundial, casi la mitad (48 %) de la población adulta mundial o bien no puede[7] realizar transacciones digitales o bien no ha hecho ninguna en los últimos doce meses. Asociado a este hecho, un número creciente de pruebas señalan que facilitar el acceso a préstamos digitales a corto plazo con tipos de interés elevados a través de teléfonos móviles provoca que países de toda el África Subsahariana y Sudamérica sufran actualmente una inminente crisis de deuda que terminará por provocar la exclusión financiera de las personas que más se beneficiarían de la inclusión financiera.

En cuarto lugar, reducir el acceso al efectivo aumenta la pobreza al frenar el acceso a los mercados. Esta circunstancia afecta directamente a la salud de las personas en términos de un empeoramiento del estado nutricional, del rendimiento académico y del acceso a los servicios sanitarios, todos ellos factores que inciden negativamente en la esperanza de vida [8] debido a que existe una relación empírica entre la salud y la renta per cápita.

En quinto lugar, los pagos digitales devengan comisiones por uso único para el proveedor de servicios a distancia, lo que elimina el efecto de multiplicador financiero en los mercados locales que ofrece el efectivo y que, según el Overseas Development Institute, puede duplicar con creces el poder de compra. Esto hace que las intervenciones sin efectivo resulten mucho menos rentables para los donantes en términos de resultados [9].

Por otro lado, debemos reconocer que los proveedores de servicios financieros, las operadoras de redes móviles y muchos intermediarios se benefician de todo crecimiento de los pagos digitales. Tal y como señala Currency Research: “El actual alejamiento de la moneda física ha supuesto, para algunos, más munición para la ya legendaria guerra contra el efectivo que durante años llevan librando las grandes empresas de la industria de los pagos”. Miles de millones de dólares en beneficios dependen de las declaraciones en materia de políticas que emitan las autoridades regulatorias, incluidas las de las agencias internacionales de ayuda humanitaria, las agrupaciones globales que codirigen, y los organismos representantes como la Better Than Cash Alliance.

También cabe recordar que el efectivo es una medida de contingencia preferente en las épocas de crisis. Es universal; no resulta discriminatorio; apenas necesita infraestructura; es fiable; está libre de interferencias privadas y políticas, y funciona[10]. Esto ayuda a explicar por qué, según el think tank Cash Essentials, el uso del efectivo en Europa, los Estados Unidos y muchas otras regiones de todo el mundo crece ahora con mayor rapidez que tras la crisis financiera global de 2008.

El mensaje es claro: el efectivo es un recurso vital para miles de millones de personas en todo el mundo [11]. Es un derecho humano. Desaconsejar su uso en la respuesta a catástrofes como la pandemia de la C-19 es discriminatorio y resulta perjudicial, ya que agrava la marginalidad que sufren las personas más pobres y vulnerables de la sociedad. Sin el efectivo, los segmentos más desfavorecidos de la sociedad no solo sufren mayor riesgo de exclusión financiera, sino que también se enfrentan a consecuencias negativas para la salud, incluida una menor esperanza de vida. En una época en la que tantas personas se encuentran en un callejón sin salida, restringir el uso del efectivo supondrá una carga incluso mayor para los segmentos ya vulnerables de la población. La pandemia de la C-19 es un momento decisivo en el movimiento humanitario de la ayuda mediante el efectivo y los cupones, una ocasión que podría definir en última instancia la futura viabilidad del efectivo como medida esencial en la respuesta a las catástrofes para futuras crisis mundiales. Es necesario que luchemos para defenderlo.

 

[1] Los pagos digitales son instrumentos que utilizan un medio digital para autorizar o recibir pagos. Efectivo se refiere a la moneda física, en este caso a los billetes.

[2] Para más información sobre este tema, consulte https://cashessentials.org/cash-crises (Episodio 5: El ciclo de efectivo en las catástrofes naturales)

[3] Las agrupaciones son grupos de coordinación sectoriales de la ONU y las ONG

[4] Informe especial: Covid-19 A Time to Protect the Future of Cash; Currency Research, 7 de abril de 2020

[5] Auer et al:  Covid-19 Cash, and the Future of Payments; Bank of International Settlements, Bulletin No.3, 3 de abril de 2020

[6] En teoría, los pagos sin contacto pueden reducir el riesgo de transferencia de patógenos. Sin embargo, en la práctica, dichas tecnologías son difíciles de encontrar incluso en las capitales de algunos países con bajos ingresos.

[7] 1 700 millones de personas (>20 % de la población mundial) no tienen cuenta bancaria (Findex, BM, 2017)

[8] La "curva de Preston" demuestra una relación empírica entre la renta per cápita y la esperanza de vida.

[9] Para más información, consulte https://cashessentials.org/cash-crises (Episodio 3: Efectos multiplicadores)

[10] Para más información, consulte https://cashessentials.org/cash-crises (Episodio 2: La función del banco central en la gestión de desastres)

[11] https://globalfindex.worldbank.org/chapters/unbanked

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