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Mastercard rectifica respecto a un futuro sin efectivo

Categories : El efectivo asegura la competencia entre instrumentos de pago, El efectivo es eficiente, El efectivo es el primer paso hacia la inclusión financiera, El efectivo y las crisis
January 27, 2021
Published in : Financial inclusion, La guerra contra el efectivo, Mastercard, Sustitución del efectivo
Para Ajay Banga, consejero delegado de Mastercard, la inclusión financiera será un aspecto fundamental de la recuperación económica post-COVID-19. Reconoce que el efectivo “no va a desaparecer y tampoco sería deseable que lo hiciera”.
Guillaume Lepecq

Chair, CashEssentials

Difícilmente puede afirmarse que Mastercard sea una empresa que defienda el efectivo. En 2006, la empresa financió una campaña publicitaria en el Reino Unido en la que se afirmaba que “el efectivo apesta”. En una entrevista con Forbes en 2017, Ajay Banga aseguraba lo siguiente: “Mi enemigo es el efectivo, no los pagos electrónicos. El ochenta y cinco por ciento de los pagos en comercios minoristas que se realizan en todo el mundo siguen siendo en efectivo. Paypal, Mastercard y Visa representan únicamente el 15 % restante”. Mastercard también es miembro de la Better Than Cash Alliance, que asegura que "si esos pagos dejaran de realizarse en efectivo y fueran digitales, se podría mejorar la vida de las personas con rentas bajas, sobre todo de las mujeres".

 

En una entrevista con la periodista de TED Whitney Pennington Rodgers, en octubre de 2020, Banga se refiere a la inclusión financiera, la brecha digital y el futuro del dinero. En su opinión, ciertos avances realizados en las últimas décadas en términos de lucha contra la pobreza y la exclusión han sufrido retrocesos durante la pandemia.  La COVID-19 también ha aumentado las desigualdades, ya que ha afectado en mayor medida a las minorías y las personas más desfavorecidas.

Banga también hace varios comentarios interesantes sobre el futuro del dinero.

En realidad, el efectivo no va a desaparecer y tampoco sería deseable que lo hiciera

En primer lugar, Banga reconoce que el efectivo no va a desaparecer y, sobre todo, que tampoco resultaría conveniente su desaparición. En sus propias palabras: “el efectivo no va a desaparecer y tampoco sería deseable que lo hiciera”. Con toda la razón, señala que hay personas que dependen del efectivo porque no tienen acceso, o tienen solo un acceso restringido, a los servicios bancarios, porque están en el lado equivocado de la brecha digital o porque no disponen de una prueba de identidad formal. Incluso Suecia considera necesario garantizar el acceso al efectivo para las personas más vulnerables. No obstante, también hay quien simplemente prefiere utilizar el efectivo. El difunto padre de Banga formaba parte de este grupo.

Me parece un buen objetivo reducir el efectivo en la economía

En segundo lugar, sigue creyendo conveniente reducir la proporción del efectivo en la economía. “Me parece un buen objetivo reducir el efectivo en la economía. ¿Eliminarlo del todo? No estoy de acuerdo”. Esta afirmación es engañosa y contradictoria. Es engañosa porque el argumento de que menos efectivo conduce a una mayor transparencia y una menor evasión fiscal ha suscitado un amplio debate económico (Rogoff, Zagorsky, Seitz, Schneider) sin que se hayan obtenido pruebas de que el efectivo promueva la economía sumergida. Es contradictoria porque, si el dinero digital fuese mejor que el efectivo, no serían necesarias medidas políticas o incentivos comerciales para reducir el uso del dinero en metálico. La sustitución se produciría de forma natural, pero esto no está ocurriendo.

El argumento del coste del efectivo

En tercer lugar, la cuestión del coste del efectivo para la sociedad se presenta como un argumento para reducir el papel relativo del dinero en metálico en la economía. “De uno al dos por ciento del PIB”,   afirma Banga. Sin embargo, es simplemente falso.  Varios estudios de bancos centrales han analizado los costes sociales, y estos varían del 0,12 % del PIB en Finlandia al 0,58 % en Bélgica. Un estudio del Deutsche Bundesbank publicado en 2019 señala que el coste medio de los pagos en efectivo es de 0,24 EUR, frente a los 0,33 EUR en el caso de un girocard y de los 0,97 EUR para una tarjeta de crédito. Otro estudio académico indicaba que tras analizar 52 países, la transacción media en efectivo costaba 0,54 USD, frente a los 1,52 USD en el caso de una transacción con tarjeta de débito. Un estudio constata que el coste agregado del efectivo en Estados Unidos ascendía a 200 000 millones de USD (o el 1,2 % del PIB). La mitad de los costes se atribuyen a la pérdida de ingresos fiscales.

El reembolso en efectivo es una solución

En cuarto lugar, Banga plantea la cuestión del acceso al efectivo en un momento en que se está reduciendo la infraestructura tradicional de distribución, incluidos los cajeros automáticos y las sucursales bancarias. Con toda razón, señala que el reembolso en efectivo – un servicio por el que el cliente paga electrónicamente al comercio un importe superior al valor de la compra de los bienes y/o servicios y recibe la diferencia en efectivo – podría ser una solución. Los sistemas de tarjetas podrían, en este caso, formar parte de la solución, ya que el reembolso en efectivo requiere un modelo de negocio justo para poder funcionar. Se debería remunerar a los comerciantes por el servicio que prestan en lugar de tener que pagar una comisión a los sistemas de tarjetas. Se da la bienvenida a las iniciativas puestas en marcha en algunos países, pero ya es hora de que se extiendan a escala mundial.

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