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Los cinco retos para el futuro del efectivo

Categorías : Cash is a public good
December 23, 2020
Publicado en : Acceso a efectivo, Aceptación del efectivo, CashTech:, CBDC, Opciones de pago de los consumidores
La pandemia de la COVID-19 ha tenido profundas consecuencias para la actividad humana y económica, como por ejemplo, en el efectivo, los pagos y el dinero en general. Para muchos observadores, la pandemia ha servido de catalizador y ha acelerado tendencias ya existentes. Cinco retos que forjarán el futuro del efectivo.
Guillaume Lepecq

Chair, CashEssentials

Cambio en los hábitos de pago de los consumidores

El primero es el cambio en los hábitos de pago de los consumidores. Es incuestionable que la pandemia ha cambiado la forma en que pagamos debido a la presión combinada que ejerce un descenso del gasto en el consumo, el auge de las compras online y la adopción de los pagos sin contacto, impulsada por un temor infundado a la transmisión del virus a través de los billetes y las monedas. De forma paralela, las tenencias de efectivo como medida de precaución y con motivo de la crisis han registrado un fuerte incremento.

Los patrones difieren considerablemente entre los diferentes países. En las naciones donde se utiliza poco efectivo, como las nórdicas, se han desplomado las transacciones en efectivo, mientras que en Alemania, la EHI (Federación Alemana de Comercios Minoristas) ha estimado que el descenso en términos de valor y de volumen es de tan solo un 5 %. Por otro lado, en algunos países con ingresos medios y bajos se ha incrementado el uso de dinero en metálico, ya que las ayudas públicas se han distribuido en efectivo y se ha desarrollado la economía informal.

A día de hoy se desconoce si esa evolución se convertirá en la nueva normalidad o si la situación cambiará cuando se resuelva la crisis sanitaria. Por un lado, cuanto más duren las políticas de confinamiento, mayor será el impacto en los hábitos de pago, ya que los consumidores se irán adaptando cada vez más a la nueva situación. Según una encuesta del BCE publicada en julio de 2020, el 40 % de los encuestados ha utilizado menos el efectivo desde el inicio de la pandemia, y casi el 90 % asegura que seguirá pagando menos en efectivo una vez finalizada la pandemia. Por otro lado, a medida que entramos en un período de recesión, la historia demuestra que los consumidores recurren de nuevo al efectivo en momentos de crisis económica por diversos motivos (menor gasto, gestión presupuestaria, economía informal, etc.). Se desconoce cómo estas dinámicas interactuarán en el futuro.

Acceso al efectivo

El segundo reto esl el acceso al efectivo. El estudio SPACE del BCE apunta a un deterioro de la disponibilidad del efectivo, ya que el nivel de satisfacción ha pasado del 94 % en 2016 al 84 % en 2019. En 10 de los 19 países de la zona euro, más del 10 % de la población considera difícil o muy difícil el acceso a los cajeros automáticos.

El problema de la disponibilidad del efectivo debe incluir el acceso a los servicios de depósitos en metálico. Si los comercios minoristas no pueden depositar el efectivo en una cuenta bancaria a un coste razonable, el rechazo a los pagos en metálico irá en aumento.

Los organismos reguladores de todo el mundo prestan cada vez más atención al acceso al efectivo. En Suecia entró en vigor una nueva ley que obliga a los bancos a ofrecer un nivel adecuado de servicios de efectivo. En el Reino Unido, el gobierno ha anunciado planes para proteger el futuro sistema nacional de efectivo y así garantizar que la población pueda acceder fácilmente al efectivo. El Consejo de Pagos Minoristas en Euros pondrá en marcha un grupo de trabajo. Sin embargo, en muchos casos, estas políticas parecen centrarse principalmente en ralentizar el proceso más que en revertir la tendencia.

Aceptación del efectivo

La aceptación de efectivo en los comercios es el tercer reto. Los comercios que se negaban a aceptar el efectivo suponían un fenómeno marginal que se circunscribía a un grupo reducido de países antes de la crisis de la COVID-19. Sin embargo, esta tendencia se ha acelerado claramente durante la pandemia a raíz de las campañas de los gobiernos y del sector privado para evitar el efectivo. Esta cuestión está generando respuestas tanto de los reguladores como de las organizaciones de consumidores.

En Estados Unidos, un proyecto de ley bipartidista presentado en el Congreso establecería la obligación legal de aceptar el efectivo.  El gobernador del Riksbank, el banco central de Suecia, ha pedido la aceptación obligatoria del efectivo. Un recurso ante el Tribunal de la Unión Europea podría tener consecuencias importantes para la condición de curso legal de los billetes y las monedas, así como para la aceptación del efectivo.

Un enfoque normativo también requiere el respaldo de los consumidores. En el Reino Unido, el 61 % de los consumidores está de acuerdo con que las tiendas y los negocios que animan a pagar los productos y servicios con tarjeta están excluyendo a las personas que prefieren pagar en efectivo. En los Estados Unidos se ha producido un avance espectacular con la firma, por parte de 51 organizaciones de consumidores, de una carta en apoyo a la Payment Choice Act (Ley de opciones de pago), que prohibiría a los establecimientos minoristas tradicionales rechazar el uso del efectivo o cobrar un precio mayor a aquellos consumidores que paguen sus compras en metálico. La Asociación Europea de Consumidores (BEUC) ha publicado un informe de posición que establece que todos los comercios deberían estar obligados a aceptar el efectivo.

Innovación en el ciclo de efectivo

En cuarto lugar, la pandemia también ha impulsado la innovación en el ciclo de efectivo, ya que el distanciamiento social, las medidas de confinamiento y el cierre de los comercios han propiciado la creación de nuevas vías para distribuir el efectivo.

Sin embargo, las políticas tanto públicas como de innovación empresarial en materia de pagos se dirigen principalmente a reducir el uso del efectivo – y, en ocasiones, a su total abolición – para impulsar la adopción de los pagos digitales. Este enfoque aparentemente progresista ha tenido consecuencias peligrosas e imprevistas en términos de inclusión financiera y social, así como para el conjunto de la economía. En 2019, la mitad de la población mundial adulta no había realizado ningún pago digital.

La verdadera innovación debe ser inclusiva. Por ejemplo, ATMIA ha lanzado el proyecto Cajeros de Próxima Generación con el objeto de reinventar estas máquinas para un mundo físico y digital. La iniciativa CashTech trata de impulsar la innovación para repensar el ciclo de efectivo y garantizar su acceso, aceptación y eficiencia. En términos de política, se pueden extraer lecciones de algunas de las iniciativas creativas que se han puesto en marcha para impulsar la adopción de los pagos digitales.

Coexistencia del efectivo y las CBDC

El quinto reto es la posible coexistencia del efectivo y una moneda digital emitida por los bancos centrales (CBDC). Según una encuesta del Banco de Pagos Internacionales (BIS) publicada en enero, el 80 % de los bancos centrales tiene algún tipo de proyecto en relación con las CBDC. El 40 % ha conseguido pasar de la fase de investigación a la de experimentación o de pruebas de concepto, y menos del 10 % ha puesto en marcha proyectos piloto. La evolución de la demanda de efectivo constituye un importante incentivo para que los bancos centrales estudien las CBDC. Para algunos de ellos, las CBDC podrían reducir la fuerte dependencia del efectivo, mientras que para otros, la caída de la demanda transaccional de efectivo podría compensarse con una CBDC que permitiera al público en general acceder a dinero del banco central.

En vista de sus características, ¿las CBDC serán un sustituto o un complemento del efectivo? Según señala Christine Lagarde, Presidenta del BCE: “En todo caso, un euro digital sería un complemento del efectivo, no un sustituto”. Los estudios teóricos parten de la hipótesis de que la CBDC debería imitar las características del efectivo, pero nadie cuestiona este extremo ni analiza esas características. ¿La CBDC debería tener la misma condición de moneda de curso legal que los billetes y las monedas? ¿Qué nivel de anonimato aportarían las CBDC y cómo podría garantizarse? ¿Qué diferencia hay entre las CBDC minoristas y mayoristas? ¿Cuáles son las consecuencias para los tipos de interés, tanto positivas como negativas?

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